En el marco del 107º aniversario del nacimiento de Hernán Abal, la Municipalidad y la Subsecretaría de Cultura de la Provincia rindieron un nuevo homenaje del ciclo “Guaymallén, cuna del arte” con el descubrimiento de una placa conmemorativa en la Plaza de las Artes y las Flores, en El Bermejo.
Participaron el subsecretario de Cultura de Mendoza, Diego Gareca; la directora de Gestión Territorial, Laura Uano, y la directora de Cultura y Turismo de Guaymallén, Carolina Vico.
“Quiero destacar el trabajo constante que viene haciendo la Dirección de Cultura del Municipio de Guaymallén. Es un gusto poder coordinar estas acciones, en esta ocasión el reconocimiento para Hernán Aval, entendiendo que se están construyendo pequeños hitos distribuidos geográficamente en todo el departamento. Artistas como este han hecho un gran aporte a la cultura de Mendoza. Guaymallén debe sentirse orgulloso porque muchos de ellos transitaron estas calles”, resaltó Gareca.
Un pintor de profunda sensibilidad
Nacido en Guaymallén, el 25 de mayo de 1919, Harán Darío Abal egresó de la Academia Provincial de Bellas Artes de Mendoza con el título de Profesor de Dibujo, Pintura, Escenografía y Decoración, y muy pronto inició un camino que lo llevaría más allá de lo académico.
Entre 1950 y 1951, becado por el gobierno francés, estudió en París, donde profundizó en el arte moderno y amplió su mirada recorriendo Europa y América Latina.
Docente durante décadas y director de la Escuela de Bellas Artes, fue también un impulsor clave de la vida cultural mendocina, participando en salones nacionales, exposiciones internacionales y siendo parte de la creación del Museo Municipal de Arte Moderno. Ejerció, además, como presidente de la Sociedad de Artistas Plásticos de Mendoza.
Fue invitado como representante argentino para la Bienal Internacional de Pintura de Cuenca, Ecuador -en 1987- y a la muestra Maestros del Nuevo Cuyo en el Palais de Glace, en 1994.
Su obra, profundamente ligada al paisaje y a la figura humana, se distingue por un lenguaje que transforma lo real en símbolo, donde lo americano, lo ancestral y lo mágico conviven en una misma imagen.
El propio Abal sostenía que “la vida es un combate íntimo entre diversos factores, en el que el artista trata con pasión de salvarse y salvar por la belleza -la belleza profunda que se tiene que sufrir- la chispa fugaz de la existencia. Porque es solo con esta actitud frente a la vida, como el hombre puede rescatar su destino y salvar su existencia”.
Artista destacado y formador de generaciones, fue un pintor de profunda sensibilidad que encontró en la plástica un vínculo con la humanidad y una forma de explorar, desde su soledad creadora, los misterios esenciales de la existencia. Y supo así convertir la identidad local en una experiencia universal.




